1940. 28 de junio. Antes de que se despertara la mayoría de los parisienses, Hitler hizo su única visita a la capital de la Francia ocupada...

No duró más de tres horas. Y su finalidad era cultural, no militar. Acompañado por los arquitectos Hermann Giesler y Albert Speer, y por su escultor favorito, Arno Breker, Hitler aterrizó en el aeropuerto de Le Bourget a la hora, para él extraordinariamente temprana, de las cinco y media de la mañana. La breve gira se inició en L`Opéra. Todas las luces estaban encendidas, como para una función vespertina de gala, cuando se detuvieron a la entrada los tres Mercedes. Un guia francés de cabello blanco, respetuoso pero reservado, condujo al pequeño grupo por el edificio vacío. A Hitler le emocionó su belleza. Sin duda,  había pasado despierto las noches anteriores, leyendo las descripciones del teatro. Durante la visita, hizo gala de su detallado conocimiento del mismo. El guía no quiso aceptar la propina de cincuenta marcos con el que el ayudante del Führer, por orden de este, intentó compensarle. Los turistas continuaron su recorrido. (Ian Kershaw. Hitler 1936 - 1945. Barcelona. Ediciones Península)

La fuerza de los actores nos sumerge en un mundo de pensamientos y contradicciones que no son ajenos a nadie. La vida es esto. (Rosana Torres - EL PAÍS)

Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio
© UHURA AUDIOVISUAL S. L.